A veces, creemos que el propósito de entonar y/o vibrar un mantra o una runa es el sonido en sí mismo. Nos esforzamos en la pronunciación, en el volumen, en la técnica. Pero la verdadera magia no ocurre mientras la boca está abierta, sino en el instante exacto en que se cierra.
Imagina que lanzas una piedra a un lago perfectamente quieto. La piedra es la runa; el impacto es la vibración. Las ondas que se expanden son tu práctica. Pero ¿Qué sucede cuando la piedra llega al fondo y la superficie vuelve a calmarse?.
El agua ya no es la misma. Hay algo en la profundidad que ha cambiado de lugar.
Es nuestra vida diaria, el ruido mental es como una lluvia constante que no deja ver el fondo del lago. El pasado nos pesa con sus "hubiera" y el futuro nos inquieta con sus "tal vez". Al hacer vibrar una frecuencia sagrada, esa lluvia se detiene. El sonido actúa como una escoba de luz que barre las nubes, y de pronto, nos quedamos a solas con el ahora.
¿Porqué el presente se siente tan lleno?
Muchos temen al silencio porque piensan que encontrarán la nada. Pero si alguna vez tú la has sentido: el silencio está lleno. Está lleno de una intensidad que a veces desborda el pecho.
Esa profundización que sientes, es en realidad, tu propia vida reclamando espacio.
Cuando el eco de la runa o el mantra, sigue vibrando en tus células, lo que experimentas es la conciencia del ser. Es como si te quitaras un traje pesado. El traje de las preocupaciones, de tu nombre, de tu historia y por un segundo te quedaras en la piel desnuda de tu propia existencia.
En ese estado de profundización silenciosa, las emociones no son un problema a resolver, sino colores que te atraviesan.
No es una técnica para expertos; es un acto de amor propio. Es decir "por este instante no voy a ninguna parte, no voy a recordar nada, no voy a planear nada. Solo voy a sentir cómo vibra en mí el hecho de estar vivo".
La próxima vez que termines tus vibraciones, no pases a los otros pasos de inmediato. No busques entender. Solo quédate ahí, en silencio, sintiendo el eco de la vibración, observando el presente.
Siente cómo el sonido se ha transformado en un hilo invisible que une tu corazón con el presente. Esa emoción que sientes, esa plenitud que es expansión, es la señal de que has llegado a casa. El silencio es el templo y tu conciencia es la llama que ilumina.
El presente no es un lugar al que se llega, es una frecuencia en la que se decide estar.
Esta práctica de silencio no es un simple descanso de la mente; es un rito de purificación para forjar en nosotros la Virtud del Señor Apolo - El presente
- Eudora.
Imagina que lanzas una piedra a un lago perfectamente quieto. La piedra es la runa; el impacto es la vibración. Las ondas que se expanden son tu práctica. Pero ¿Qué sucede cuando la piedra llega al fondo y la superficie vuelve a calmarse?.
El agua ya no es la misma. Hay algo en la profundidad que ha cambiado de lugar.
Es nuestra vida diaria, el ruido mental es como una lluvia constante que no deja ver el fondo del lago. El pasado nos pesa con sus "hubiera" y el futuro nos inquieta con sus "tal vez". Al hacer vibrar una frecuencia sagrada, esa lluvia se detiene. El sonido actúa como una escoba de luz que barre las nubes, y de pronto, nos quedamos a solas con el ahora.
¿Porqué el presente se siente tan lleno?
Muchos temen al silencio porque piensan que encontrarán la nada. Pero si alguna vez tú la has sentido: el silencio está lleno. Está lleno de una intensidad que a veces desborda el pecho.
Esa profundización que sientes, es en realidad, tu propia vida reclamando espacio.
Cuando el eco de la runa o el mantra, sigue vibrando en tus células, lo que experimentas es la conciencia del ser. Es como si te quitaras un traje pesado. El traje de las preocupaciones, de tu nombre, de tu historia y por un segundo te quedaras en la piel desnuda de tu propia existencia.
En ese estado de profundización silenciosa, las emociones no son un problema a resolver, sino colores que te atraviesan.
- Sientes una alegría que no tiene motivo.
- Una melancolía que no tiene tristeza, sino una belleza profunda.
- Una paz que no es calma sino fuerza vibrante.
No es una técnica para expertos; es un acto de amor propio. Es decir "por este instante no voy a ninguna parte, no voy a recordar nada, no voy a planear nada. Solo voy a sentir cómo vibra en mí el hecho de estar vivo".
La próxima vez que termines tus vibraciones, no pases a los otros pasos de inmediato. No busques entender. Solo quédate ahí, en silencio, sintiendo el eco de la vibración, observando el presente.
Siente cómo el sonido se ha transformado en un hilo invisible que une tu corazón con el presente. Esa emoción que sientes, esa plenitud que es expansión, es la señal de que has llegado a casa. El silencio es el templo y tu conciencia es la llama que ilumina.
El presente no es un lugar al que se llega, es una frecuencia en la que se decide estar.
Esta práctica de silencio no es un simple descanso de la mente; es un rito de purificación para forjar en nosotros la Virtud del Señor Apolo - El presente
- Eudora.